A los 89 años, Fred Costello toca el órgano en estadio, como lo hace desde 1977

Por DAN GELSTON

Fred Costello podía batear tan bien como interpretaba una melodía cuando era niño en Syracuse, Nueva York. Quería jugar en estadios de béisbol y pensó que la mejor manera de alcanzar ese sueño era a través de un buen fildeo y un swing destacado.

“Pensé que iba a ser el próximo Mickey Mantle”, recordó.

La idea de convertirse en el próximo gran bateador de los Yankees no resultó para Costello. Su carrera en el béisbol terminó después de unos años en el nivel semiprofesional, pero ese objetivo de aparecer en un estadio noche tras noche durante décadas y más allá perduró.

Sólo que su misión era distinta. Y ahora, sería el organista que más tiempo ha tocado dentro de un estadio en la historia.

Lo ha hecho desde 1977 para un equipo de béisbol de ligas menores en Rochester.

El martes, cuando los Red Wings de Rochester se preparaban para el juego inaugural en casa, Costello se acomodó detrás de sus teclados Yamaha y Korg para el inicio de su 48ª temporada de béisbol.

Costello cumplió 89 años el sábado y sus números siguen aumentando gracias a una carrera de casi cinco décadas en la escena deportiva de Rochester. Costello dice que sólo ha faltado a tres juegos de los Red Wings desde 1977 y ha llevado la cuenta de cada melodía tocada en el parque, desde Frank Sinatra hasta Taylor Swift: el encuentro inaugural marcó su juego número 3.458 de los Red Wings, con un total de 4.987 compromisos, incluidos tres con los Buffalo Sabres, y duelos locales de hockey y baloncesto.

Superó a su ídolo. Mantle jugó 2.401 juegos, bateando para .298 en su carrera con los Yankees.

“¿Puedes imaginar cuál sería el promedio de Mickey Mantle si tuviera una canción de entrada?”, preguntó Costello.

Claro, Costello toca las melodías acostumbradas en el estadio como “Take Me Out to the Ball Game”. Es su negativa a estancarse en los clásicos y su disposición a mantenerse al tanto de los favoritos de hoy lo que, según él, le ayuda a sentirse joven y mantener su entusiasmo por el trabajo sin caer en un mero acto de nostalgia.

“Shaboozy tiene una gran canción”, dijo. “Me gusta esa ‘Bar Song’”.

Costello planea seguir tocando incluso cuando llegue a los 90 años, o al menos mientras sus dedos puedan atinar a las notas correctas en el teclado. Resta importancia a su edad. ¿Por qué debería importar cuando todavía se está divirtiendo?

Costello nunca lo llama trabajo, y hay otro tema de entrada o una melodía a mitad de entrada para tocar y mantener entretenidos a los fanáticos y jugadores de la filial de los Nacionales de Washington en la Triple-A.

“Espero con ansias venir al estadio tanto hoy como en mi primer juego en el ’77”, expresó Costello. “Somos como una familia. Es divertido estar allí arriba. Siempre me ha gustado la música y el béisbol. Son mis dos grandes amores. Soy un músico en el estadio, así que tengo lo mejor de ambos mundos”.

Ayuda que su familia haya sido tan parte del estadio como su órgano. Su esposa, Cathie, trabaja en el departamento administrativo de los Red Wings y sus dos hijos y una hija colaboraron cuando crecieron en el área. Tocar el órgano para Rochester ni siquiera es la relación más larga de Costello: celebrará 60 años de matrimonio con Cathie en agosto.

Costello pasó años como músico de gira, principalmente en clubes de la Costa Oeste y Las Vegas, tocando con nombres famosos que van desde Bobby Darin hasta Doc Severinsen.

Es un jazzista de corazón. Condujo un programa de jazz matutino durante más de una década en la radio de Rochester y todavía toca y encabeza festivales musicales en el área con su banda de cinco integrantes. No cambia mucho su estilo en el estadio.

“Voy a tocar como toco en los clubes nocturnos”, dijo. “Voy a tocar algo de jazz, algo de blues, algo de rock clásico, música latina. Funcionó perfectamente porque me distinguió de todos los demás”.

Su esposa tenía raíces en el área de Rochester y cuando estaba embarazada del primer hijo de la pareja a finales de los años 70, Costello dejó prácticamente la vida en la carretera.

La joven familia se estableció en el área. Buscando un trabajo, Costello recibió la llamada telefónica que “cambió toda nuestra vida”.

Era de un viejo amigo, el entonces gerente general de Rochester, Don Labbruzzo.

Rochester necesitaba un organista. Costello necesitaba un trabajo estable. ¿Por qué no intentarlo?

“Me dio un contrato de un año en el ’77 y todavía estoy aquí”, dijo, riendo.

Costello comenzó tocando en las gradas, con un sombrero y un abrigo antes de finalmente mudarse a la cabina de prensa. Expandió su catálogo de béisbol a cientos y cientos de canciones.

Toca los éxitos en Frontier Field mientras los Red Wings buscan victorias en el terreno, y su lista de canciones dura más allá del tiempo promedio, dice, de la mayoría de los organistas de estadios de béisbol de las Grandes Ligas.

“Consigo un poco más de tiempo de juego”, comentó Costello. “También toco siete, ocho, nueve canciones por juego. Tengo la oportunidad de extenderme un poco”.

Como la mayoría en las menores, Costello quería una oportunidad en las Grandes Ligas, y casi la consiguió con los Yankees de Nueva York.

Sin embargo, cuenta que, después de una audición hace unos 20 años y de ofertas tanto de los Yankees como de los Mets, decidió que no quería desarraigar su vida en el norte del estado de Nueva York y se quedó en la Triple-A.

“Los Wings han sido geniales conmigo”, manifestó. “Me han puesto en una gran categoría”.

Por supuesto, la banda sonora de las Grandes Ligas hoy en día proviene principalmente de música grabada y DJs. Pocos equipos emplean a un organista real y los días de un solo músico, como el exorganista de los Cachorros de Chicago Gary Pressy, que tocó 2.633 juegos seguidos, han quedado prácticamente atrás.

Costello espera que ese no sea el caso en Rochester en ningún año próximo.

A punto de cumplir 90 años, Costello dice que no hay posibilidad de que disminuya la velocidad. Ha sido incluido en Salones de la Fama. Rochester declaró un Día de Fred Costello en 2022 e incluso se hizo un muñeco cabezón en su honor.

¿Por qué dejar de tocar melodías ahora?

“Seguiré haciéndolo hasta que lo haga bien”, prometió.

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